Estuve terminado los quals (qualifying exams, te declaran “apta” para poder escribir tu propuesta de tesis…la academia es como una larga carrera de obstáculos. al final hay diploma y beso, pero no medalla). Y después tuve una conferencia.
Presentaba con mi advisor, me puse muy nerviosa, y entonces tenía la cabeza divida en tres: una parte estaba haciendo la presentación, otra parte monitoreaba reflexivamente (perdón Giddens!) la presentación, y la tercera trataba de que la que monitoreaba el acto de dar la presentación no me demandara tanta atención que la presentación fuera un desastre.
Estudiante crónica (en inglés): Bueno, vemos que tanto el fenómeno “periodismo” como el estudio del fenómeno están en un momento liminal, entre la tradición y el cambio…
Monitor reflexivo (mezclando inglés y castellano): so far so good… no leas! …sonreí pero no mucho, you are not Miss California… uh, un profesor se está yendo de la sala… es uno de los integrantes de tu comité… fuck!
Parte 3 (en castellano): concentrate en dar la presentación, nena.
Estudiante crónica (en inglés): …por un lado, los productores de noticias se aferran a prácticas tradicionales, como el foco sobre la provisión de información, más que sobre actuar como facilitadores para la participación…
Bueno, creo que no fue un éxito. Pero como dijo otro de los integrantes del panel, ex productor de noticieros, profesor en una universidad estatal –any newscast you can walk away from is a good newscast- (cualquier noticiero del que te puedas ir es un buen noticiero, es decir, mientras no haya ningún error demasiado grave que te persiga por el resto de tu vida, está bien). Mi presentación está en esa categoría.
Antes, habíamos almorzado con los integrantes del panel: tres americanos, tres europeos, y yo. Los americanos hablaban de plata (muchas universidades les bajaron el sueldo a los profesores, entre 0.5% y 10%, y les dijeron que “trabajaran menos horas”), y una profesora se quejaba: “trabajar menos horas no tiene sentido a menos que de que puedas hacer que esas horas coincidan con las horas de clase de los undergaduates”. También hablaban de carreras, de quién está en cada facultad, de quién contrató a X profesor y quién consiguió o no tenure. Los europeos –una noruega, un galés, un catalán- hablaban de ciudades de Europa, lugares para ir a visitar en Chicago antes de volverse, el sistema ferroviario inglés comparado con el español, su vida personal –uno estaba recién separado. Yo escuchaba, sonreía de vez en cuando, y pensaba cuánto mejor la hubiera pasado con mis compañeros, que habían ido a comer Thai a cuatro cuadras de la conferencia.